16.11.13

El rescate de Sepia

Les contaré una historia que no es mía sólo porque no quiero verla perdida en el tiempo y en el olvido. Es de él, de Sepia, o Ulises, o quién sabe cuál otro nombre que tendrá en el camino.
Se trata de un perro dóberman, abandonado en una azotea por seres a los que resulta difícil llamar humanos; Sepia, a la intemperie, muriendo de hambre y sed, fue rescatado por dos personas que desde lejos se apiadaron de la cruel vida que llevaba. No diremos sus nombres, son héroes anónimos.
"Inventamos unas bombas de croquetas que le lanzábamos todos los días. Calentábamos las tortillas en el microondas, y cuando estaban suavecitas, hacíamos unas pelotitas de croquetas que le lanzábamos desde la azotea. Con el tiempo y la práctica logré que la bomba cayera justo en el espacio donde no había agua ni excremento".
Alguien les pasó el contacto de Karen Gallegos, mi amiga, que se dedica a rescatar animales de forma independiente para ponerlos después en adopción. Karen se animó a ir a conversar con los dueños de Sepia, como lo habían llamado los señores, pero las reacciones fueron inesperadas y agresivas.
Karen, quien visitó durante 4 días seguidos la casa, intentó que le regalaran al perro, si al fin y al cabo no lo querían, se negaron; intentó comprarlo, les ofreció 5 mil pesos, se negaron de forma violenta; buscó el auxilio de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública que sólo se burlaron de ella e incluso consolaron a la "familia" del perro diciendo que eso no era un delito grave, que no se preocuparan; levantó una denuncia por maltrato animal en la delegación, donde también se rieron de ella; finalmente, buscó ayuda en las redes sociales hasta dar con Frecda, una asociación constituida de protección animal que contactó a la Brigada de Vigilancia Animal y coordinó un rescate.
Nos vimos hoy a las 3 de la tarde en el Museo del Automóvil en División del Norte. La BVA llevaba una camioneta y el equipo para rescatar a Sepia. Por parte de Frecda iban cuatro personas muy amables y experimentadas en el trato con dueños negligentes. Karen los guió hasta la casa, les señaló el lugar exacto y tuvimos que salir, prácticamente corriendo, pues, por experiencia, se sabe que los dueños negligentes de mascotas incrementan su agresividad si se topan de frente con quien los ha "molestado".
No sé, sinceramente, cuántas horas estuvimos en la esquina esperando a que las negociaciones terminaran. Aquellas personas no tenían más opción que entregar a la mascota o enfrentar una denuncia por maltrato animal, pero se seguían negando a permitir el acceso a la casa. Mediante una llamada nos informaron que habían accedido a entregar a Sepia si Karen retiraba la denuncia. Aceptó, el bienestar del pequeño era más importante que cualquier cosa.
La Brigada de Vigilancia Animal tuvo que ingresar, valientemente, por el techo,  pues se negaron a dejarlos pasar a la casa,  para bajar al animalito, que a pesar de ser tan grande se mostró dócil y agradecido. Los dueños salieron del callejón en busca de Karen y tuvimos que huir como si su inhumanidad fuera nuestra culpa.
Ya no pudimos ver a Sepia, Frecda lo llevó a un veterinario, le consiguió una madrina con un corazón enorme y le apodó Ulises, pero quisimos conservar este nombre, decirle Sepia porque era el que sus protectores a una azotea de distancia utilizaban tan comúnmente, con palabras tan llenas de amor que nos habría sido imposible decirle de otra forma. Nos refugiamos en casa de nuestros héroes anónimos.
Nos dieron café y fruta, nos contaron que casi habían decidido echarse para atrás porque los dueños del perrito los habían amenazado y les habían lanzado piedras. Nos contaron que también habían ofrecido en algunas ocasiones regalar bultos de comida para Sepia, incluso se habían ofrecido a subir a alimentarlo; nada funcionó.
Les platicamos del rescate, les platicamos a detalle cada cosa que pasó, les mostramos las fotos, lloraron de la emoción. Lamentaban mucho que Sepia no estuviera en nuestras manos porque se morían de ganas de acariciarlo, pero sirvió de consuelo saber que ya no estaría bajo la custodia de esos irresponsables.
Karen no lo dijo pero han de haber sido días difícil para ella, días de buscar ayuda, abogados, negociar con inconscientes, pasar horas levantando una denuncia, rechazar mordidas, soportar burlas, huir de agresores y dormir mal por la preocupación sobre el bienestar del perro, a veces la miro tan callada y bien portada que me parece increíble que sea tan guerrera cuando se trata de defender a los inocentes animales.
Nos agradecieron por todo cuando los verdaderos héroes aquí eran ellos; ni un sólo vecino del edificio, testigo del sufrimiento de Sepia se había atrevido a decir o hacer algo por él. Karen, Frecda y la Brigada de Vigilancia Animal realizaron la difusión y coordinaron el rescate, todos pusieron de su parte, pero nada habría sido posible sin su denuncia, su apoyo y su incondicional amor por un perro que nunca trataron, pero que se ganó su corazón.
"Me miraba con esos ojos y yo sabía que era bueno".
El mundo necesita más personas así.