14.11.08

Lluvia de paz u "O"

Esa tarde caminaba entre la lluvia de paz,
sentí que salpicaban espinas de ansiedad.

Y las espinas desgarraban mi alma
y las espinas desangraban mi ser
y las espinas me mataban... me mataban.

Sabía que esa lluvia y que esa paz eran tu ausencia.
Sabía que tú faltabas, que faltaba tu tibieza...

11.11.08

Olvidarte, Campeche

¿Olvidarte, Campeche? Jamás.
Tu mar perdurará en mis ojos,
y aunque sin ojos me quede,
Campeche: perdurarás.

Y ustedes que han sido
mi alegría, mi tormento
y mi desvelo, aquí están:
léanse en esta tinta,
léanse en mi memoria,
en mi corazón y mi eternidad.

¿Olvidarlos, Campeche? Jamás.
Sus ojos perdurarán en mi mar,
y aunque sin mar me quede,
Campeche: perdurarán.

7.11.08

Me encanta de ti

Me encanta de ti que te conozco tan poco;
tan poco del basto universo que es tu existir.

Me encanta que la vida es corta
y en esta brevedad estás para mí.

En el instante que me dedicas
tu mundo soy yo (yo yo yo).

No falta ni sobra: basta.

Me encanta que eres mi centro,
mi principio


y


fin.


Me encanta de ti que no te tengo ni te tendré,
mitad amor, mitad ilusión
(¿o es el amor pura ilusión?).

Yo sé extrañar.

6.11.08

Tierno brote de ilusión
que nació frente a mis pies.

Y tus ramas se enredaron en mi alma.
Y tus ojos, espinas de flor,
se clavaron en mi corazón.

Un suspiro se tragó el silencio.

Tu sonrisa

Hoy desperté extrañándote.
Al abrir los ojos tu ausencia me golpeó.

Sigues vivo.
En mi memoria y corazón
tu recuerdo se anidó.

Gracias por esa presencia
que alegró los días tristes.
Gracias por ser un amigo
que fue hermano incondicional.
Gracias por ser feliz
y por enseñarme a serlo,
por esa sonrisa de oro
que brilló con la luz de tu corazón,
por la risa de tu alma
que resuena en mis oídos
y revive la emoción de ti.

Sé que ahora estás riendo,
aunque yo llore tú ríes,
y si tú ríes en mí
yo dejo de llorar.

Pero me haces falta ahora,
para volver a verte
no puedo esperar a la eternidad.

No te olvidaría aunque por mi vida
hubieses cruzado un segundo nada más.

Tu sonrisa se grabó en mi mente
y perdurará.
Tu risa, tu voz, tu alegría,
tus ojos dulcísimos...
en mi alma perdurarán.

Instrucciones para besar

1. Manténgase cerca (a una distancia de 20-25 cm.) de un ser similar a usted, es decir, de su misma especie (no es necesaria la distinción de sexo, raza, edad o religión). Puede usted haberlo obtenido previamente mediante los rituales correspondientes a su grupo social o haberlo conseguido de manera espontánea. Es altamente recomendable que el sujeto se manifieste de acuerdo con su deseo.
2. Cumpliendo el primer paso, sujete con el fin de las extremidades superiores al sujeto en cuestión del área corporal que usted prefiera. A modo de sugerencia se indica el área torneada ubicada aproximadamente a la mitad de la altura del cuerpo donde podemos hallar una cicatriz pequeña de aspecto redondo y arrugado a la que se suele llamar ombligo. En este acto acerque ambos cuerpos a una distancia nula.
3. Posteriormente desplace una o ambas extremidades superiores a la región cefálica del sujeto. Acérquese al área facial y encuentre, justo debajo del órgano olfativo, dos montículos carnosos y alargados localizados de forma horizontal sobre la superficie facial, a los que llamaremos con fines prácticos: labios.
4. Enseguida presione estas protuberancias con las que usted debe tener ubicadas en el mismo lugar. Notará cómo la película de piel alrededor de los órganos de la vista los cubre automáticamente. Sentirá un cosquilleo que recorre todo su cuerpo, no se preocupe, es perfectamente normal.
5. En esta posición, friccione el rostro contra el del sujeto mientras aplica presión variable en diferentes puntos de la carnosidad. Aprisione alternadamente los labios de su acompañante entre los suyos; procure absorber los fluidos posibles para evitar una experiencia húmeda y desagradable. Simultáneamente, desplace sus extremidades superiores por la superficie corporal del contrario, deténgase al gusto en las zonas que le resulten más placenteras al tacto.
6. Concéntrese nuevamente en el área de los labios; ábralos para descubrir una cavidad oscura que contiene un músculo rosa, carnoso y húmedo cercado por un par de hileras de pequeños huesos de forma regular cuyo color oscila entre el blanco perla y el amarillo mazorca.
7. Haciendo un esfuerzo con el músculo descrito, desplace la punta de éste sobre los labios del sujeto en forma suave y controlada. Seguidamente introdúzcala en la cavidad rozando la hilera de huesos superior y tocando, finalmente, el músculo rosa, carnoso y húmedo de su acompañante, ejerza presión ligera sobre éste, realice movimientos circulares, de empuje y combinaciones de éstos por un tiempo indefinido. Notará que sus extremidades superiores continuarán desplazándose por la extensión del sujeto comprimiendo los sectores que sean apretujables.
8. Para terminar, retraiga el músculo protagonista en la cavidad destinada para contenerlo y deslice los labios por los del contrario suavemente; culmine con un breve toque manteniéndolos apretados y arrugados.
Puede aplicar la misma técnica en sujetos y áreas diferentes sin importar si encuentra cavidades o no.
Es ampliamente recomendable memorizar este instructivo antes de aplicarlo, pues resultaría muy incómodo detenerse a leerlo entre paso y paso.
Disfrútelo y procure innovar.