14.7.12

Para Rose en sus XV años

Al parecer las palabras que escribí hace unas horas en honor a mi prima Rosemary les parecieron lo suficientemente tiernas como para leerlas en la fiesta de XV años de la niña; bueno, hasta que se dieron cuenta de lo deprimentes que eran y de que mencionaba a las jotas que me maquillaron, así que me pidieron otra versión (una más dulce) que aquí va:

Hola, prima, te escribo desde la distancia para felicitarte por los quince años que cumples hoy. Lamento no poder estar cerca (y sé que lo comprendes pues eres lo suficientemente madura para hacerlo), pero desde aquí he decidido enviarte unas palabras que, estoy segura, llegaran hasta tus oídos.

Cuando yo cumplí quince años no estaba tan emocionada por mi fiesta, ni por el pastel, ni por el vestido, mucho menos por todos esos rituales engorrosos del maquillaje y demás; cuando yo cumplí quince años ni siquiera me ocupé en disfrutar mi fiesta porque era una de esas niñas raras que creían que bailar no era más divertido que jugar en la computadora o leer.

Ahora que ocho años después te veo cumplir quince años, me arrepiento un poco por no saber comprender la emoción de todas las personas que me rodeaban, mis papás, mis tías y tíos, mis abuelitos. Créeme que todos ellos están profundamente emocionados por verte llegar a esta edad tan especial y que marca una nueva etapa en tu vida.

Así que disfruta esta fiesta porque será la única vez que cumplas quince años, disfrútala porque los emocionados que te rodean quieren verte sonreír, bailar, divertirte hoy y cada día de tu vida.

Entre toda la parentela emocionada estoy yo, tu prima la que vive lejos y que se entristece por no poder compartir este momento contigo; tu prima la que se enorgullece al ver la personita en la que te has convertido; tu prima la que desea que sigas por el camino del bien en el que vas ahora porque eso te traerá grandes cosas; tu prima la que te extraña mucho y te quiere muchísimo más, desde aquí, desde la distancia.

Diana.

Feliz cumpleaños a ti, prima

Saben, cuando cumplí quince años fue el día más aburrido y estresante de mi corta vida. Desde la mañana me trajeron a las carreras, me llevaron con unas jotas para maquillarme y peinarme, fue mi primera y dolorosa depilación de cejas, tuve que ponerme un engorroso vestido en una casa ajena porque era la que quedaba cerca de la iglesia y chutarme una misa que a mi parecer duró ocho horas.

Después a esperar mucho sin poder sentarme a gusto para no despeinarme o comer bien para no desmaquillarme hasta que empezó la fiesta que, por si preguntan, no me encantó. Tuvo cosas geniales como mi papá dedicándome una canción, mi abuelita recitando un acróstico que hizo para mí, mi tía Chary dirigiéndome las palabras más hermosas y sinceras que he oído. Tuvo pastel, vals y baile... lo que para una arrítmica eso no es del todo placentero.

En fin, el punto es que todos estaban súper emocionados excepto yo, y sólo ocho años después he podido comprender esa emoción por el cumpleaños ajeno.

Hoy cumple quince años una de mis primas favoritas, cumple quince años y tendrá una fiesta a la que no podré asistir, no saben cómo me duele en el alma eso. Pero, por otra parte, siento por ella toda la emoción que no sentí en mis quince años. Me siento orgullosa al ver a esa niña que crece y que cada día es una mejor persona, me siento feliz y espero que siga por ese camino, porque entonces la vida le traerá muchas cosas maravillosas. No sé qué más decir, hoy es el día de las urgencias y seguramente no tendrá tiempo para leerme, pero espero que el día que lo haga, se dé cuenta de que en muchos rincones del planeta tiene personas que la aman, que se preocupan por ella y que desean que este cumpleaños y cada día de su vida sean los más felices y mejores que alguien pueda tener.

Te quiero mucho, Rose.