25.6.14

Aquí está el cordero que alguien dibujó

Voy a dibujarte un cordero, no me lo pidas, no me preguntes cómo lo haré, sólo voy a dibujarte un cordero. Lo meteré en esa caja y te lo llevarás a tu casa a buscar la paz, tú y él serán muy felices.
Voy a dibujarte un cordero que te haga compañía siempre, cuando estés triste, cuando rías, cuando mires a la vida con esos ojos que congelan los instantes, cuando no te acuerdes más de mí.
Voy a dibujarte un cordero que tranquilice tu corazón cuando esté agitado, que te haga sonreír con sus gracias naturales de cordero, que te acaricie suave la cara si lo necesitas, que te abrace, dios sabe cómo, que te abrace el alma para curarte de lo que necesites curarte, de las heridas grandes o pequeñas, frescas o viejas, lejanas o tan cercanas que aún hieren punzando como espinas el corazón.
Deja que mi cordero te lama las manos y te repita cada noche antes de cerrar los ojos: no estás solo, aquí está el cordero que alguien dibujó para hacerte compañía.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias. Un cordero no haría falta hoy, haría compañía. Aunque fuera dibujado. Aunque diera abrazos de trazos. Usted ha dibujado el cordero, pero le he tenido que dibujar unos hoyitos a su caja. Usted lo olvidó, sino no respira ese corderito que ahora me mira. Me mira como que tiene hambre, aunque yo no sea comida. Ha olvidado usted también indicar qué es lo que come el cordero. En este planeta hay plantas. Sí se les deja crecer, se puede contar con la mano. Si crecen más, con el puño cerrado. Si se olvida uno de ellas luego hay que quitarlas con tijeras. Más grandes, hay que removerlas con una sierra. Eso me han dicho, yo nunca las quito. Tenía, tal vez, la esperanza de que llegara un corderito blanco (y negro) y no fuera un mal anfitrión. Gracias por el corderito, hace buena compañía.