19.5.14

A veces

A veces me parece que no soy yo. A veces creo que soy otra persona que ha vivido escondida durante mucho tiempo en los escombros de un alma arruinada, esa persona tiene un montón de sueños. Me ruega a veces, que me deje ser ella; a veces se escapa de mí y sonríe ilusionada, mira al cielo, mira al suelo, se sonroja; a veces tengo que callarle la boca y ostentar esa mirada arrogante tan mía que no es suya.
Últimamente le dio por reír como loca y por ser libre, por no sentirse cuan triste me siento yo, por huir de donde estaba guardada y vivir mi vida. He de aceptar que me siento feliz a su lado, no a su lado, sino con ella en mi lugar. Porque ahora vivo, vive, aunque casi no la dejo vivir; porque ahora río, ríe, aunque casi no la dejo reír; porque ahora miro, mira, sincera, el par de ojos que tiene enfrente, aunque casi no la dejo mirar, no vaya a ser que un día de estos huya contenta detrás de una ilusión y tenga yo que correr detrás de mí para volver a encadenarme a esta alma doliente que me necesita tanto.

2.5.14

Tres preguntas

—¿Sobre qué es la vida? —preguntó ella.
—La vida es sobre muchas cosas —respondió él—; por ejemplo, en este preciso instante, hay millones de personas sintiendo millones de cosas, emociones, felicidad, angustia, nerviosismo, en este lado del mundo y del otro también; la vida, entonces, tiene muchos temas simultáneamente y elegir cuál es el tema principal corresponde a cada quien. Para mí, en este momento, la vida trata sobre ti y sobre mí porque estamos juntos en medio de este montón de gente; podría tratar de lo que hice hoy en el trabajo, o de mi perro que está enfermo, o del sujeto que está sentado en la mesa de enfrente, pensativo, sin haber tocado su cerveza en los últimos quince minutos, pero no, la vida es sobre ti y sobre mí porque las emociones que me provoca interactuar con el resto del mundo son opacadas por el acelerado latido de mi corazón justo ahora que te tengo enfrente. No sé sí decirte lo que sigue, sobre todo porque eres suficientemente inteligente para haberlo deducido ya y porque me temo que sonará como una confesión infantil: me gustas.
—¿Desde cuándo?
—Supongo que desde que te conocí, usualmente las personas se sienten atraídas por otras instantáneamente; si aún fuésemos cavernícolas, los hombres se abalanzarían sobre las mujeres antes de los diez minutos de haberlas conocido y las arrastrarían a sus cuevas si es que un poco de pudor existe en esas bestias que fuimos. No te puedo dar una fecha exacta y decir "me gustas desde el doce de septiembre de...", pero puedo decirte que además de tu apariencia, tu carita risueña y tú que eres bonita, como ya debes de saber, esa astucia y esa inteligencia tuya me cautivaron, aunque no quisiera sonar demasiado enamorado, el amor se relaciona con un sentimiento de pérdida y yo nunca te tuve, así que me es imposible haberte perdido; lo único que he querido desde entonces es besar tus labios y descubrir si es verdad, como dicen por ahí, que la función del beso es aclarar la compatibilidad o incompatibilidad de una pareja destinada a reproducirse.
—¿Por qué no lo habías dicho antes?
—Ni siquiera yo sé, ¿temor, quizás? ¿miedo al rechazo? La verdad es que siempre has parecido estar más interesada en cualquier otro montón de cosas que en mí, a lo largo de estos años, que contándolos así parecen bastantes, siempre has tenido un pretexto para no verme y te has olvidado de responder mis mensajes. Cuando las cosas suceden así, por más que se desee obtener algo resulta imposible, ¿para qué me arriesgaría a un 'no'? Es evidente que jamás en la vida te has sentido ni un poco atraída por mí, incluso se nota en el tono de las preguntas que estás haciendo ahora, las haces como investigando, con toda la frialdad posible, como si estuvieras ante un bicho raro al que solamente quisieras comprender y nada más, ¿lo soy?