30.12.14

2014

"Y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando."

Empiezan a transcurrir oficialmente las últimas 24 horas del año. Ni siquiera sé por qué un calendario es tan importante, ni por qué contabilizar, los segundos, las horas, los días, los meses y cualquier tiempo abarca tantas de nuestras energías, pero por algún aleccionamiento inconsciente vivo atenida a los ciclos del minuto, de la hora, del día, de la semana, del mes, del año.
El año que termina es el pretexto perfecto para contabilizar los éxitos y los fracasos, los aprendizajes, las pérdidas inevitables y las ganancias innegables, los logros, la generación de patrimonio, las palabras que nunca debimos decir. Y lo hago, en mi mente porque es el mejor lugar para guardar mi vida.
Aquí, para los tres lectores y el perro que siguen mi blog, sólo diré que en el transcurso de estos 365 di lo que creo, será uno de los más grandes cambios de mi vida. Cerré un ciclo que en su tiempo fue increíble; al final, cansado; después del final, doloroso; pero que me dejó chingos de lecciones y que fungió como parteaguas para que aprendiera que no todo se trata de mí ni de ganar siempre y que de nada sirve ser humilde, altruista y empática en mi vida fuera de casa si no puedo serlo dentro con los que más quiero. Un gran cambio que me ha hecho tanto bien y tan feliz. También cumplí 25 años y viví la vida loca un tiempo, básicamente hice las cosas de las que me abstuve toda mi juventud temprana (ahora que soy joven porque después me veré ridícula, decía). Aprendí a querer hasta con los dientes, aunque duela después y aprendí a volar muy alto aunque sepa que existen probabilidades de caer, finalmente, tu corazón va a sanar y va a volver a quebrarse mientras le toque pulsar. Descubrí montones de cosas que me gustan y que no conocía sólo porque no me atrevía a experimentarlas. Conocí cosas a las que les diré que no casi siempre. Mejoré la relación con mi hermano. Aumenté mi grado de paciencia. Leí menos. Viví más. Hice locuras adolescentes. Suprimí las decisiones absolutas e inmutables porque todo puede cambiar de la manera en que lo hice. Encontré lo que me mantiene en paz y formas de ocupar mi mente para que no esté molestando.
Desarrollé la capacidad de encontrar ese lugar hasta el que la pena no llega para refugiarme en él.
Es éste.
Me voy.

2.7.14

Ella fue mi ángel

Nunca había hablado de esto… pero a veces es el alma la que quiere demostrar que existe a través de las palabras.
Si bien considero mi espíritu más o menos fuerte y sólido, mi cuerpo es más una cosa de fragilidad y pequeñez, quizás por urdimbres de la naturaleza que pretende hacerme sobrevivir en este mundo. Por la indefensión que aparento, he notado que despierto una maternidad instintiva en algunas personas mayores, quienes tal vez han tenido anhelo siempre de cuidar de alguien, no lo sé; es por ello, y por mi errar constante, que he tenido muchas madres a lo largo de mi vida. Les estoy agradecida.
Me acordé de una de mis madres que me colmó de regalos, cariño y consejos. Era uno de esos corazones jóvenes y alegres que van por la vida sonriendo. Adoraba caminar, caminaba todos los días, caminaba a todos lados, nunca le dolió nada, lo que le dolía se le olvidaba riendo. Madre, a fin de cuentas, de un par de hijos a los que hoy envidio por haberla disfrutado tantos años, cuando a mí me tocaron unos pocos.
No sé cuánto hablar de ella. Me enseñó cosas que una madre debería enseñar a sus hijas, a ser bien portada, a tejer, a hacer moños, a ser dulce y siempre me consintió. Se preocupaba por mí de sobre manera, supongo que algo de mi inocencia le recordaba a la suya.
Un día, sin avisar, se fue para siempre. Fue el primer día de mi vida que creí en Dios y lloré de rodillas rezando las plegarias que aprendí en la infancia, mi fe habría podido mover montañas pero no lo hizo. Los odié a todos y a sus mentiras. Dios no existe, Dios no escucha, Dios es una patraña inventada en los tiempos de desesperación. Me quedé más sola de lo que ya estaba en el mundo. Huérfana de nuevo. Huérfana de cariño. Huérfana de amor desinteresado.




Ella creía en los ángeles. Muchas veces, cuando una persona me ayudaba en la calle (porque he necesitado toda la ayuda del mundo en este caos citadino), ella decía “fue tu ángel” y yo pensaba que era tener demasiada imaginación. Ahora creo un poco, pero sólo en los ángeles de carne y hueso, seres rellenos de pura bondad, esos a los que la virtud los hace divinos y la generosidad los hace eternos. Ella fue mi ángel y ya no está, pero ¿podría estar en alguna estrella mirándome?

25.6.14

Aquí está el cordero que alguien dibujó

Voy a dibujarte un cordero, no me lo pidas, no me preguntes cómo lo haré, sólo voy a dibujarte un cordero. Lo meteré en esa caja y te lo llevarás a tu casa a buscar la paz, tú y él serán muy felices.
Voy a dibujarte un cordero que te haga compañía siempre, cuando estés triste, cuando rías, cuando mires a la vida con esos ojos que congelan los instantes, cuando no te acuerdes más de mí.
Voy a dibujarte un cordero que tranquilice tu corazón cuando esté agitado, que te haga sonreír con sus gracias naturales de cordero, que te acaricie suave la cara si lo necesitas, que te abrace, dios sabe cómo, que te abrace el alma para curarte de lo que necesites curarte, de las heridas grandes o pequeñas, frescas o viejas, lejanas o tan cercanas que aún hieren punzando como espinas el corazón.
Deja que mi cordero te lama las manos y te repita cada noche antes de cerrar los ojos: no estás solo, aquí está el cordero que alguien dibujó para hacerte compañía.

15.6.14

Feliz cumpleaños a mí

Ayer cumplí un cuarto de siglo, veinticinco añotes. Pensé que sería un día difícil porque nunca es fácil darse cuenta de que llevas más de un cuarto de tu vida sin haber hecho algo realmente importante para el mundo, ni escribir un libro, ni descubrir una cura milagrosa, ni ser millonario aún. Eso y la soledad a la que me estoy teniendo que acostumbrar. Fue un día un poco difícil porque en mi cerebro se agolparon recuerdos, pensamientos y emociones.
Pero también han sido días felices. A las doce de la noche ya lo estaba celebrando. He reído desde ese momento como jamás lo había hecho en la vida. He hecho travesuras. He ido al cielo y regresado montones de veces.
Casi no he tenido tiempo de pensar, mi habitual actividad, pero he sentido muchísimo. Felicidad, tristeza, alegría, ternura, preocupación y cariño, me siento dentro de una burbuja que contiene un mundo extraño, extraño bueno. Todas las Dianas que hay dentro de mí esperan que la sensación de bienestar nos dure, al menos, hasta la mitad del siglo.
La cabeza está hecha un desastre, el cuerpo también, pero el corazón (bueno, el hipotálamo) está rebosante de felicidad.

19.5.14

A veces

A veces me parece que no soy yo. A veces creo que soy otra persona que ha vivido escondida durante mucho tiempo en los escombros de un alma arruinada, esa persona tiene un montón de sueños. Me ruega a veces, que me deje ser ella; a veces se escapa de mí y sonríe ilusionada, mira al cielo, mira al suelo, se sonroja; a veces tengo que callarle la boca y ostentar esa mirada arrogante tan mía que no es suya.
Últimamente le dio por reír como loca y por ser libre, por no sentirse cuan triste me siento yo, por huir de donde estaba guardada y vivir mi vida. He de aceptar que me siento feliz a su lado, no a su lado, sino con ella en mi lugar. Porque ahora vivo, vive, aunque casi no la dejo vivir; porque ahora río, ríe, aunque casi no la dejo reír; porque ahora miro, mira, sincera, el par de ojos que tiene enfrente, aunque casi no la dejo mirar, no vaya a ser que un día de estos huya contenta detrás de una ilusión y tenga yo que correr detrás de mí para volver a encadenarme a esta alma doliente que me necesita tanto.

2.5.14

Tres preguntas

—¿Sobre qué es la vida? —preguntó ella.
—La vida es sobre muchas cosas —respondió él—; por ejemplo, en este preciso instante, hay millones de personas sintiendo millones de cosas, emociones, felicidad, angustia, nerviosismo, en este lado del mundo y del otro también; la vida, entonces, tiene muchos temas simultáneamente y elegir cuál es el tema principal corresponde a cada quien. Para mí, en este momento, la vida trata sobre ti y sobre mí porque estamos juntos en medio de este montón de gente; podría tratar de lo que hice hoy en el trabajo, o de mi perro que está enfermo, o del sujeto que está sentado en la mesa de enfrente, pensativo, sin haber tocado su cerveza en los últimos quince minutos, pero no, la vida es sobre ti y sobre mí porque las emociones que me provoca interactuar con el resto del mundo son opacadas por el acelerado latido de mi corazón justo ahora que te tengo enfrente. No sé sí decirte lo que sigue, sobre todo porque eres suficientemente inteligente para haberlo deducido ya y porque me temo que sonará como una confesión infantil: me gustas.
—¿Desde cuándo?
—Supongo que desde que te conocí, usualmente las personas se sienten atraídas por otras instantáneamente; si aún fuésemos cavernícolas, los hombres se abalanzarían sobre las mujeres antes de los diez minutos de haberlas conocido y las arrastrarían a sus cuevas si es que un poco de pudor existe en esas bestias que fuimos. No te puedo dar una fecha exacta y decir "me gustas desde el doce de septiembre de...", pero puedo decirte que además de tu apariencia, tu carita risueña y tú que eres bonita, como ya debes de saber, esa astucia y esa inteligencia tuya me cautivaron, aunque no quisiera sonar demasiado enamorado, el amor se relaciona con un sentimiento de pérdida y yo nunca te tuve, así que me es imposible haberte perdido; lo único que he querido desde entonces es besar tus labios y descubrir si es verdad, como dicen por ahí, que la función del beso es aclarar la compatibilidad o incompatibilidad de una pareja destinada a reproducirse.
—¿Por qué no lo habías dicho antes?
—Ni siquiera yo sé, ¿temor, quizás? ¿miedo al rechazo? La verdad es que siempre has parecido estar más interesada en cualquier otro montón de cosas que en mí, a lo largo de estos años, que contándolos así parecen bastantes, siempre has tenido un pretexto para no verme y te has olvidado de responder mis mensajes. Cuando las cosas suceden así, por más que se desee obtener algo resulta imposible, ¿para qué me arriesgaría a un 'no'? Es evidente que jamás en la vida te has sentido ni un poco atraída por mí, incluso se nota en el tono de las preguntas que estás haciendo ahora, las haces como investigando, con toda la frialdad posible, como si estuvieras ante un bicho raro al que solamente quisieras comprender y nada más, ¿lo soy?

29.4.14

¿Lo soñé? Hoy conocí a La Ley

Bueno, ¡tenía que escribir esto! No podía dejarlo sólo ahí para que se me olvidara como se me olvida todo: Hoy conocí a Beto Cuevas, Pedro Frugone y Mauricio Clavería, La Ley.

Para quienes no estén en contexto, La Ley es mi banda favorita desde que tenía 11 o 12 años, los conocí en el 2001 cuando apenas descubría MTv, quedé impactada con el video del sencillo 'Aquí' y poco a poco me enamoré con el resto de la música del álbum 'Uno'. Ése fue el primer disco que tuve en mi vida.

Fue un amor de adolescencia, los escuchaba a todas horas, moría por conseguir los discos, recortaba sus fotos de las revistas y periódicos, compraba pósters. Lo normal en esa edad. En alguna ocasión se anunció que se presentarían en Campeche, yo comencé a negociar con mi papá pagar el boleto a cambio de quedarme sin gastada varios meses... luego la presentación se canceló. Un par de años más tarde, La Ley se separó, aparentemente para siempre, mis ilusiones, así como la única y primera banda de la que me hice fanática se dispersaron en este universo de contradicciones ininteligibles. Desde entonces rehuí a cualquier tipo de fanatismo.

Hace unos meses, anunciaron el reencuentro. Increíble. Beto Cuevas, el vocalista y amor de mi adolescencia había hecho carrera como solista. Compré su disco, pero me negué a aceptar que era uno separado de La Ley, incluso le guardé rencor, desprecié su sonido y me burlé en alguna ocasión de lo pop que se había vuelto.

Cuando se reunieron pensé que nada volvería a ser igual, y sin embargo, estuve en el Vive Latino (hice maromas para conseguir los boletos), sólo para verlos por primera vez en mi vida. Lo disfruté como no imaginaba que lo haría. Sí, pocas personas son realmente fanáticas de La Ley luego de una ausencia tan grande, pero me valió, me valió que me miraran raro al gritar, saltar, levantar las manos, cantar.

Hoy hubo una firma de autógrafos en el Mixup de Plaza Universidad por el lanzamiento de su álbum recopilatorio Retour. No sabía si ir, esa época de grupi se me pasó hace mucho tiempo, tengo 24 años, un trabajo, un hermano y dos perros que mantener... pero ahí estuve, parada cinco horas hasta que la fila comenzó a moverse. 

No recuerdo casi nada hasta que tuve a Beto enfrente. Todos pasaban y le decían que lo admiraban, que qué bueno que se habían reunido, que qué guapo estaba, que si una foto, que yo que sé. Diana sólo se quedó parada mirándolo por no sé cuánto tiempo sin poder reaccionar. Mi mente estaba en blanco.

- Hola -dijo él con un gesto de amabilidad sincero.
- Hola -respondí quedito.
- ¿Cómo estás? -y sonrió.
- Bien -dije con no sé qué expresión pero pensando en su acento chileno y la aspiración de la S.
- ¿Cómo te llamas?
- Diana -permanecía inmóvil.
- ¿Éste es el tuyo? -dijo mientras tomaba mi disco.
- No sé -respondí aún luciendo como una tonta.

Escribió mi nombre, le dio el disco a Pedro y le dijo "Diana". Sólo entonces desperté a medias. Le pregunté a un señor que estaba junto a la mesa si nos podía tomar una foto, le entregué el iPhone. Mientras sonreíamos para la cámara le dije a Beto:

- ¿Te puedo dar un beso?
- Claro.

Y lo hice. No recuerdo cómo fue, pero hay una foto. No recuerdo qué pensaba, pero mi cara decía "oh, por dios, estoy junto a Beto Cuevas" y seguro mi mente procesaba montones de información de hace muchos años.

Luego Pedro firmó mi disco, los organizadores del evento me jalaban por la cintura para que bajara, mostré el teléfono indicando que quería una foto, Pedro me arrastró y posó junto a mí.

Cuando vi a Mauricio quise pedirle una foto también, pero igual me quedé sin palabras, vi su gesto cansado, alguien me jaló por la cintura y me bajó de la pequeña tarima que habían montado. Me alejaron de ahí. Aún me siento un poco triste porque no tengo una foto con Mauricio.



Salí eufórica saltando, corriendo, luego me puse a llorar, estuve en shock como una hora, me miraban raro, lo noté; mi hermanito de 15 años me tranquilizó, luego, sin hambre, comí una hamburguesa en McDonald's. Creo que aún sigo en ese transe. ¿Fue real lo que viví? ¿El sueño de una adolescente de 13 años se ha cumplido 11 años después? Son todos personas, quizás personas comunes y corrientes, pero por mi cabeza pasaron tantas cosas que el latido de mi cerebro se paró... y me sentí no ante personas sino ante dioses. Lo absurdo, lo que nunca pensé que sentiría, pasó.

Sé que son recuerdos que valen mucho, y aún me pregunto donde guardarlos para conservarlos siempre; ésta es una copia de seguridad de mi memoria (bastante mala) que deseo compartir con ustedes.

9.2.14

Certeza

Estoy casi segura de que todos los males de la tierra son causa de mis actuares políticamente incorrectos. Los mismos que me llevan a contradicciones del alma, si lo que deseo no es lo que quiero, lo que quiero no es lo que anhelo, lo que anhelo se hace humo por las imposibilidades de esta vida de ser lo que se quiere ser y estar donde se quiere estar.
Me hace falta la, tan humanamente necesaria, certeza de saber a qué dios va a pertenecer mi alma, pero es inalcanzable, sobre todo, cuando ni siquiera sé si ya no quiero adorar al que adoro ahora y si querré amar al que ha prometido tantas cosas.