7.12.13

Pantufla

Así llegó Pantufla a la casa, en celo, sucia, flaca, con mordidas en el cuerpo, cicatrices en todos lados, incluido el corazón; había sufrido tanto que era incapaz de confiar en los humanos.
Mauricio y yo ya teníamos en mente recoger a otra perrita que vive en el parque porque su celo estaba próximo y no queríamos verla llena de cachorros en esta época tan fría, pero Pantufla se cruzó por nuestro camino antes. Ese domingo 17 de noviembre fuimos a la tienda en la noche y la vimos, nos llamó la atención por su carita bigotona y su color golondrino.
- ¿Es suyo el perrito, señor? -le pregunté al tendero.
- No, sólo se metió aquí.
- ¿Y sabe de quién es, de casualidad?
- Quién sabe, desde ayer está rondando por aquí.
Mi reacción fue volver la mirada a los ojos de Mauricio.
- Por favor, ¿podemos llevárnoslo? Por favor, por favor, está chiquito, por favor, anda, anda, anda...
- ¿Y la otra?
- La recogemos después, éste está pequeñito y hace mucho frío...
- Bueno... -y torció la cara como siempre la tuerce para decir "tú sabrás..."
Entonces intenté acariciarla y huyó para esconderse debajo de un anaquel de botanas; compramos medio kilo de croquetas para ofrecerle y ni así quiso acercársenos, seguramente se dio un festín ese día en el mercado callejero; Pantufla no quería irse por las buenas así que le dije a Mau, muy decidida:
- Dile a Nico que me traiga una correa.
Iván llegó con la correa y al ver a la preciosidad de perro intentó acariciarla, ella le tiró la mordida. La lacé y la llevamos prácticamente arrastrada a la casa, para subir las escaleras tuvimos que bajar la transportadora y meterla a la fuerza; al fin dentro del departamento intentó mordernos, atacar a Milo y a Frank y escaparse (casi salta por la ventana que da al patio de la vecina de abajo). Esa noche sólo Mauricio e Iván lograron acariciarla, a mí me odiaba sin importar lo que hiciera, supongo que fue porque la arrastré cuadra y media contra su voluntad.
El día siguiente fue inhábil y eso fue buen porque pude vigilar a la nueva, evitar que mordiera a mis cachorros y, lo mejor, ganarme su confianza. Frankie y Milo ayudaron mucho, cada vez que los acariciaba y les hablaba con cariño, ella miraba con incredulidad, al final logró convencerse de que yo no era tan mala.
Con mucho trabajo la arrastré al baño y la bañé, la sequé evitando sus mordidas y tuve que dejar que me masticara una mano para lograr cortarle los nudos con la otra. Luego de eso, como si se sintiera como alguien diferente al dejar atrás su mugre, su olor, sus nudos y sus pulgas, se regaló a mí y me dejó acariciarla, me hizo fiestas, me permitió cargarla y aprendió a volar del suelo a mis piernas para que siguiera consintiéndola.
Ese mismo día salimos a su primer paseo, Mauricio me advirtió que no la soltara en el parque porque ésta sí se iba a ir corriendo, pero yo ya sabía que no, ¿alguna vez han sentido el 'clic'? Pantufla y yo hicimos conexión, sabía que si la soltaba no se alejaría de mí y así fue. Cuando en el  parque se nos aparecía un perro grande atraído por el olor de la perrita, ella corría hacia mí y yo la cargaba como a un niño asustado; Frankie como muy soldadito, le ladraba a todo lo que se le acercaba a la nena sin importar su tamaño (lo que realmente empeoraba las cosas porque ella se asustaba más y porque además de cargar a Pantufla tenía que ir a defender a Frank cuando comenzaban a revolcarlo).





Los primeros días dormía en la sala, no sabemos exactamente dónde, también odiaba la transportadora y quedarse encerrada en ella, un día que no la cerramos bien se salió y permaneció suelta todo el tiempo que estuvimos fuera (así fue como descubrimos que no es destructora); con el tiempo y la confianza comenzó a subirse a la cama a la hora de dormir y a acercarse más a nosotros, cuando llegábamos las fiestas aumentaban y se volvió muy, muy melosa, nos saltaba a la silla para que la acariciáramos, provocando los celos de Camilo.
El jueves 21 la vacunaron contra la rabia en el parque y por ello me odió alrededor de 15 minutos, sin dejarse acariciar.
Ayer 6 de diciembre la esterilizaron y justo ahora está en recuperación, sigue un poco adolorida y no podrá salir a pasear en unos días, pero se ha conservado animada, en realidad no le importa no salir a pasear, es una faldera, le encanta estar donde estés.



Yo cada día me pongo un poco más triste porque de verdad he aprendido a querer a Pantufla. Sé que siempre es así, pero esta nena lleva tres semanas aquí y ya me resulta imposible pensar en el día que se vaya a una nueva casa; con mucho dolor programé la esterilización porque sé que ése es uno de los pasos para la búsqueda de hogar, con mucho dolor envié ayer un par de correos a algunos interesados, con mucho dolor la llevaré a un hogar de prueba algún día. Sé que es un mal necesario y que un pedacito de mi corazón se irá con la nena... pero es la única forma de poder seguir ayudando a más como ella, porque allá afuera hay muchas otras Pantuflas que ni siquiera se imaginan poder tener un día un hogar. 

1 comentario:

raymundo montiel dijo...

Que bonito, aunque no tengo la posilibidad de adoptar una pantunfla en estos momentos, la labor que haces me hace reflexionar hondamente, y espero algún día porder adoptar una perrita...