4.5.13

Palabras para Nico

Apenas caí en cuenta de que hoy es el cumpleaños número quince del menor de mis hermanos... quince. Increíble. Cuando pienso en todos ellos los recuerdo como la última vez que los vi antes de llegar a vivir al D.F. Mi hermanito, entonces, tenía diez años y una vocecita delgada. La verdadera última vez que lo vi fue hace un par de meses, me había rebasado en tamaño y tenía una voz gruesa y masculina... pero jamás pensé que hubiera pasado tanto tiempo.
No puedo evitar sentirme triste y arrepentirme un poco de la distancia en la que estoy presa; me lamento porque es uno de los seres que más quiero en el mundo y yo he estado lejos en esos años en que mutó como una oruga. Es quizás por eso que cuando lo recuerdo lo hago imaginándolo inconscientemente como un niño aún, al que le faltan años por crecer, años que me gustaría ver.
Hermano, si llegaste hasta este párrafo déjame decirte cosas que espero que ya tengas presentes: estoy muy orgullosa de ti, de la forma en la que has crecido (y no me refiero a los uno y tantos metros con los que ya me rebasaste, sino a la persona en la que te estás convirtiendo), en tus esfuerzos, muchos o pocos, por seguir adelante aunque el camino parezca muchas veces incierto y no sepas qué va a ser de tu vida o dónde estarás dentro de un tiempo. Felicidades por esos logros grandes y pequeños, por las olimpiadas de matemáticas, por subir el promedio, por hacer amigos y conseguir una novia (o algo parecido). Felicidades porque a tus quince años eres el hermano que muchos quisieran tener.
Hoy no hay nada que anhele más que verte aquí junto a mí, que poder estar más cerca de ti y acompañarnos en los años que nos faltan por crecer, porque creo que sería muy genial, que sería divertido, que aunque ninguno de los dos sea tan platicador podemos pasar las horas de las horas juntos y resulta agradable. Cruzo los dedos para que te quedes a vivir en la Ciudad de México, porque le darás un nuevo sentido a mi vida y porque las oportunidades para una mente brillante como la tuya son vastas aquí. Mauricio te espera porque eres un buen compañero de juegos y a Milo le gusta dormir sobre ti.
Me gustaría que comprendieras, Chino, que estos años son difíciles, que aunque siempre te dicen que la secundaria es la mejor etapa de la vida y que debes disfrutarla mucho, cuando creces, terminas una carrera, consigues un trabajo y logras mirar tu vida en retrospectiva, te das cuenta de que eso era mentira y que después de esos años horribles de la secundaria, donde fuimos feos, cabezones y granosos, vienen los verdaderos años maravillosos y disfrutables: la prepa, la universidad, la vida de verdad; el punto es que... yo que ya he pasado por todo eso, entiendo que esos años son difíciles, y te pido que lo entiendas también y te esfuerces para disfrutar realmente lo que viene después... haz la tarea (aunque algunas tareas sean muy tontas), obedece a los profes (aunque algunos profes sean muy tontos), esfuérzate por una buena calificación (aunque el hecho de ser medidos por un número es muy tonto), porque esas son las únicas formas de conseguir un mentado papel que te permitirá hacer las cosas que amas el resto de tu vida, y si ahora no lo entiendes, sólo créeme, es verdad.
Estoy muy ilusionada con que te vengas a vivir con nosotros, con que ahora seamos cinco los que vayamos de vacaciones a Campeche, con explotarte y ganar dinero a costa de tu gran cerebro, con salir a pasear los fines de semana, patear pelotas, jugar en línea, hacer una microcomunidad de Macheros y todas esas cosas. Por eso lo pido.
Finalmente, feliz cumpleaños, Chino, sabes que además del orgullo, las ilusiones y lo demás, te quiero mucho, muchísimo desde el día en que te conocí.

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